domingo, 19 de julio de 2015

Esa chica...

Y aunque sé que hay mil cosas en esta vida que pueden hacerte feliz, siempre he querido ser esa chica. Esa chica de la que te enamoras perdidamente. Esa chica a la que le mandas un mensaje de buenos días cada mañana para despertarla con una sonrisa. Esa chica a la que recoges a la salida de clase por sorpresa. A la que, en algún momento inesperado, le dedicas una canción; una de esas canciones que te llegan al corazón y que a partir de ese día tendrá otro significado, más bonito, más real. Esa chica a la que le haces sentir día tras día que es especial, que vale mucho más de lo que piensa. Esa chica que puede salir de cualquier forma a la calle, porque ahí estarás para decirle lo preciosa que está sin maquillar. Esa chica que tiene la oportunidad de escuchar mil “te quieros” sinceros, de corazón. Esa chica que se refugia en tus brazos y se olvida del mundo entero. Esa chica en la que piensas al mismo levantarte. Y en la que piensas justo antes de dormirte. Esa chica que al escuchar su nombre te sale la sonrisita tonta. Esa chica a la que te encanta pasear de la mano y gritarle al mundo entero que estás con ella y que la quieres. Esa chica en la que confías más que en nadie, a la que le cuentas tus problemas porque sabes que siempre estará ahí. Esa chica con la que compartes todo, porque ya no imaginas una vida sin ella. Esa chica con la que no tienes miedo a hacer planes de futuro, porque sabes que durarás toda una vida a su lado. Esa chica con la que puedes hablar de cualquier cosa, porque te escucha, te aconseja y te comprende. Esa chica que hace que no mires a ninguna otra, porque ella es y será la única en tu vida. Esa chica a la que no aguantas ver llorar y harías cualquier locura para sacarle una sonrisa. Esa chica a la que te gusta besar, acariciar y dar mimos durante horas.

Esa chica... de la que admites estar enamorado. 

lunes, 6 de julio de 2015

Echo de menos..

Entonces, ¿sigues queriéndole? ¿Lo echas de menos todavía? No y no. No sigo queriéndole, ni siquiera lo echo ya de menos. Simplemente echo de menos esa sensación de estar en las nubes todo el día, de tener siempre esos nervios e ilusión por verle, de mirar el móvil con la esperanza de tener un mensaje suyo (aunque sea contándome alguna chorrada), que me abrace y me haga olvidar el mundo que hay alrededor. Echo de menos el sentirme la chica más guapa del mundo simplemente porque él me lo decía. Echo en falta la manera en que me miraba, me sonreía y me hacía sentir segura. Y es que me encantaba la forma que tenía de hacerme reír, las ganas que le echaba para que yo misma me quisiera un poco más. Me gustaba la idea de volver a verle, de mirar a lo lejos y ver que al final del camino estaba él, esperándome con ganas, las mismas ganas que tenía yo de tenerlo a mi lado de nuevo. Echo de menos sentir que soy especial, tan especial que alguien me había elegido para compartir sus días conmigo. Así que no, no echo de menos a la persona, sino a los momentos y recuerdos compartidos con ella. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Ilusionarnos por la vida

Y ahí estaban ellos, 27 personitas esperando que les dieras los buenos días, que les dijeras lo guapos que iban y lo campeones que eran por saber abrocharse el baby “ellos solitos”. Uno te saludaba tímidamente, otro te sonreía desde su sitio cada vez que le mirabas; otros, un poquito más atrevidos, se subían a tus brazos en cuanto veían la menor oportunidad, o se te enganchaban a una pierna para impedirte andar. Y cuando llegaba la hora de hacer la fila para cambiar de aula, algunos se negaban a engancharse a su compañero de delante, porque preferían ir cogidos de tu mano, les daba mayor seguridad tenerte al lado. ¡Y qué bonito era cuando te llamaban continuamente para enseñarte lo bien que hacían las fichas! ¡Y cómo les gustaba ver que les felicitabas y les ponías una “carita sonriente” por lo bonito que había quedado su dibujo! Y, aunque algunos se resistían a comer su bocadillo a la hora del desayuno, con unos cuantos mimos y un poco de paciencia, conseguías que, al menos se comiera la mitad antes de salir el recreo.
El recreo, la hora de jugar, la hora de ver a los demás niños del colegio. ¡Qué abrazos te daban los que aún no te habían visto en todo el día! Otros te contaban lo que habían hecho el fin de semana y otros te preguntaban que cuándo irías a su clase a “estar con ellos”. A veces, te faltaban brazos, ojos y oídos para abrazar, coger, mirar y escuchar a todos los que se animaban a pasar el recreo junto a ti.

Terminabas los días llenos de sonrisas, abrazos, muchos “te quiero” sinceros, alguna que otra rama que te regalaban, dibujos, y, lo más importante, con muchos más valores que aprendías de ellos, los más pequeños de la sociedad. Y es que los niños tienen más para enseñarnos de lo que muchos imaginamos, nos enseñan el poder de un abrazo, nos enseñan a pedir perdón sin rencores, a olvidar lo malo y disfrutar de lo bueno, a vivir el presente, a soñar, a ilusionarnos por la vida...  

lunes, 29 de diciembre de 2014

Adiós 2014...

Otro año que se nos va. Otro año más que nos toca despedir. Y, como todos los años, hago mi balance de cosas buenas y cosas malas. ¿Y qué me llevo de este año? Mil y una cosas. Creo que ha sido el año más intenso de mi vida, para lo bueno y para lo malo.
He vivido muchas cosas nuevas en poco tiempo, he aprendido que cuando algo se acaba hay que aceptarlo y dejarlo ir, que se puede ser feliz con mínimos detalles, que siempre puede llegar alguien para hacer que tu vida sea mucho más bonita....
He derramado demasiadas lágrimas por gente que no las merecía, me he sentido sin ganas de seguir adelante, he pensado mil veces en tirar la toalla,me he sentido sola, triste... he creído tocar fondo en muchas ocasiones.
También he tenido días llenos de alegrías, abrazos y sonrisas, he conocido a personas especiales que ya tienen un hueco en mi corazón, he sentido emociones preciosas, he creído tocar el cielo y estar viviendo en un sueño, me he dado cuenta de que tengo a mi lado a los mejores padres, hermana y amigas que se podría pedir,...  Además, he podido ir a un concierto de, para mí, el mejor cantante, artista y compositor del mundo, mi gran Dani Martín.
Por otro lado, he tenido que despedirme de personas con las que he compartido cuatro años de Universidad, especialmente dos personas que han estado ahí en los momentos más agobiantes de mi vida y que siempre me han animado y me han hecho sonreír. He tenido que aceptar que otra de mis etapas está acabando y que pronto me tocará empezar una nueva en poco tiempo.
He aprendido que no hay nada que la música, unos abrazos y un ratito con tu gente, no lo arregle.

Gracias, gracias a todas esas personas que han compartido este año conmigo: a las que llevan toda la vida conmigo, unos años, a las que han llegado este año, a las que llegaron y se fueron,... a todas. Porque si hay una cosa que aprendo año tras año, es que todas las personas te aportan algo y que nunca me voy a arrepentir de conocer a alguien, porque seguro que me ha enseñado alguna cosa, sea para bien o para mal.

Por esto, no tengo otra cosa que decir que adiós, 2014, has sido un buen año.

domingo, 29 de junio de 2014

Vacío...

Odio el vacío. Ese vacío que te queda cuando alguien muy importante de tu vida desaparece. Y te deja ahí. Con esa falta de amor. Te deja sin sus sonrisas, sin sus abrazos, sin su mirada... Y te sientes mal, sientes que algo falta dentro de ti, sientes que le necesitas. Y lo peor son los recuerdos, esos que te vienen en los momentos más inesperados, esos que llegan a tu mente y te golpean una y otra vez. Y te repiten que no se volverán a repetir, que esos momentos no los volverás a vivir, porque la persona con la que los viviste ya no está. Y notas como se inundan tus ojos, son lágrimas. Esas lágrimas que te dicen que no le has olvidado, que sigues sufriendo por esa parte que ya no está. Te tendrás que decir a ti misma que sigas hacia adelante, que sigas sin ese alguien tan especial. Porque en la vida, por desgracia, todo son despedidas y esa despedida, por mucho que duela, hay que superarla. 

sábado, 8 de febrero de 2014

Quizá sólo sirvo para eso...

Y cuando más perdida estás, te encuentras con personas que te hacen volver al camino. Te escuchan, te aconsejan y te quieren sin pedirte nada a cambio. Te animan a seguir, te consiguen sacar una sonrisa y te tienden su mano para que sigas adelante. Sólo esas personas que en tus malos momentos te ayudan, sólo esas, valen la pena. Son ellas las que siempre estarán, las que te querrán pase lo que pase, las que van a ayudarte a plantar cara a tus problemas, las que te van a tranquilizar y a decirte “Eh, estoy aquí, ¿Vale?”.
Si tienes a una de esas personas a tu lado, siéntete afortunada, porque quedan pocas y son como un tesoro. Un tesoro que encontraste por casualidad, en el largo y difícil camino de la vida, y que, cuando lo encontraste, te facilitó hasta los momentos más complicados.
Quizá  a veces nos engañamos pensando que no necesitamos a nadie, pero todos sabemos que cuando estamos tristes y hay alguien al lado para secarte las lágrimas y hacerte cosquillas para que sonrías, pues todo va mejor, ¿no?

Por eso, si alguien me importa, le hago saber por todos los medios que ahí estaré siempre, y para mí el “siempre” significa “siempre”. Nunca dejaré de animar e intentar sacar sonrisas a todo aquel que se cruce por mi camino, y si me importas, créeme que te cansinearé cada día para verte feliz. Porque sí, porque quizá sólo sirvo para eso, para intentar hacer feliz a la gente de mi alrededor, y es así cuando me siento completa. 

sábado, 25 de enero de 2014

La verdadera felicidad.

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en el problema nuestra sociedad? Yo sí, día a día, cada vez que veo las barbaridades que vamos haciendo y creo que poco a poco voy sabiendo de qué va ese gran problema que está destrozando nuestro mundo. ¿Sabéis cuál es? El egoísmo, esas ganas que tenemos de conseguir la felicidad a cualquier coste. Y es que nos pegamos toda nuestra vida intentando ser felices, buscando algo que nos de la felicidad y no nos damos cuenta de los detalles del día a día. Vamos pasando por la vida de largo, sin detenernos en la verdadera felicidad.
¿Qué cuál es la verdadera felicidad? Una llamada inesperada, un encuentro con alguien al que hace tiempo que no veías, un abrazo cuando peor estás, la risa contagiosa por cualquier tontería, una mirada cómplice, poder saborear tu plato favorito, beber agua fresca en un día caluroso de verano, bailar la canción que más te gusta, que salga tú canción en un sitio en el que estás y ponerte a cantarla como un loco, que alguien te ceda el paso, la sonrisa que te dedica un niño con el que te cruzas por la calle, un concierto de grupo favorito en tu ciudad, unas horas más de sueño,...

Así que piénsalo, no te centres en grandes dosis de felicidad porque siempre estarás descontento, mejor mira cada una de esas pequeños trocitos de felicidad que podemos tener en el día a día y vivirás siempre siempre con una sonrisa en la cara. Pruébalo.